fbpx

He rescatado este artículo de 2009. Me parece todavía vigente. Ya se veía la influencia e importancia que traería el yoga a nuestra vida. Estudiar, practicar yoga una oportunidad de cambio.¿Que opinas?

Estos tiempos en los que hemos venido a vivir están tomando un cariz alarmante. Vemos tanta locura a nuestro alrededor y tanto sufrimiento. Estamos en Kali Yuga, la era donde la máquina vence al hombre y en plena transición entre la Era de Piscis y la de Acuario.

La Era de Piscis y la Era de Acuario están incluidas en Kali Yuga. En el 2012 entramos de lleno en la vibración acuariana. Durante estos años intermedios una tremenda convulsión sacudirá el sistema nervioso y el campo electromagnético de la humanidad, según ha predicho la mayoría de las tradiciones y los maestros esotéricos.

Ha habido otros momentos cruciales en la historia. Qué terrible debió ser protagonizar alguna de las dos grandes guerras mundiales. Cómo suplican a los dioses los que reciben el impacto de la naturaleza en alguno de los incesantes cataclismos naturales o con las invasiones de los bárbaros, cuando de un día para otro eras esclavo de una sociedad extraña y cruel. Ser hombre nunca ha sido fácil, según la historia oficial, aunque en escrituras antiguas se habla de eras remotas donde el hombre vivía en perfecta felicidad. Tal vez el mito del paraíso perdido se origine de esa memoria ancestral.

Se describen cuatro grandes eras en el Bhagavad Gita. Entre las cuatro suman 4.300.000 años terrestres o Maha Yuga la Gran Era.

Sat Yuga. La Era de Oro. El hombre estaba unido con lo divino. Vive en perfecta inocencia.

Tetra Yuga. La Era de Plata. El hombre se separa un cuarto de lo divino. El ser se vuelve débil.

Duapar Yuga. La Era de Cobre. El hombre sólo puede reconocer la mitad de la verdad y adora a Dios en la forma.

Kali Yuga. Sólo se reconoce un cuarto de la Verdad. Es la Era Oscura, la Era de Acero o la Era de la Máquina.

El comunismo, el capitalismo, el imperialismo, la industrialización, las religiones, las monarquías y los gobiernos democráticos han buscado con mayor o menor honestidad un modo de contener la furia, el egoísmo humano y de ordenar la sociedad. A veces hemos creído que habíamos encontrado la piedra filosofal, el modo de proceder para calmarnos y colmarnos. Recuerdo la felicidad de mi madre cuando apareció la lavadora automática y más tarde el aspirador entró en casa como un rayo de esperanza, el sueño americano por unos cientos de pesetas.

Luego mi generación consumió todo lo que pudo, se maquilló, adornó y decoró su casa y su mundo, apostó por la idea de Europa y la modernidad, se creía inmortal. Ahora miramos perplejos cómo nuestras ciudades, donde paseábamos tomando vinos y soñando con una ordenada y pulcra igualdad socialistoide, recibe mares de inmigrantes pobres de solemnidad, sugiriendo un futuro inesperado.

El alarde de egoísmo y estupidez se plasma como caricatura en el desastre ecológico que tiene como chivato el cambio climático, tan previsto y cacareado por sabios y científicos pero que, por nuestra torpe manera de relacionar los efectos con sus causas, nos ha pillado a todos con las manos en la masa del delito ecológico.

El estudio de Nicholas Stern, ex economista principal del Banco Mundial y actualmente alto funcionario del Gobierno británico, solicitado por el ministerio británico de Economía para conocer mejor las consecuencias del calentamiento climático sobre la economía mundial, estima que este fenómeno podría provocar una recesión mundial.

Si no se toman medidas radicales, el cambio climático provocará:

– Inundaciones y un aumento considerable del nivel del mar

– La desaparición de un sexto de la población mundial.

– La extinción de hasta el 40% de la fauna global.

– Millones de «refugiados climáticos».

En el informe, se señala también que el número de refugiados víctimas de la sequía o de inundaciones podría llegar a unos 200 millones de personas.

Ha llegado el momento del yoga

Muerta ya la esperanza de un mundo mejor en manos de los políticos, científicos, religiosos, tecnócratas e intelectuales, le llega el turno a la ciencia del espíritu. Los maestros sacan a la luz las antiguas técnicas para decirnos por dónde es la salida.

En occidente hemos dedicado los últimos años a separar al hombre de lo bello, de lo eterno y de lo simple. Nos hemos llenado de cosas y de razones. Ahora el estrés, la bulimia, las fobias y la depresión campan a sus anchas.

Es la hora del yoga

Estudiar o practicar yoga puede devolvernos la respiración y calmar nuestro sistema nervioso. El yoga y la meditación pueden ayudarnos a hacer los cambios personales y sociales que sin duda estos tiempos nuestros nos van a obligar a hacer por las buenas o por las malas.

Hemos caminado en excursión hacia la cumbre de una montaña y hace rato sospechamos habernos equivocado. Cada vez el camino es más escarpado pero volver sobre nuestros pasos da tanta pereza que seguimos con la esperanza de que en el próximo recodo nos crucemos de nuevo con el buen camino. Éste es el momento en que nos encontramos, demasiado lejos para que el regreso se pueda hacer fácilmente, pero reconozcamos a tiempo para reconocer que nos hemos equivocado y deshagamos cuanto antes lo andado para emprender una nueva senda.

Para deshacer el camino nos hace falta el yoga.

Hemos de disolver nuestros patrones de comportamiento o samskaras. Si seguimos haciendo las cosas de la misma manera seguiremos perdiéndonos más y más.

Hemos de cambiar, nos hace falta yoga. Estudiemos o practiquemos yoga.

Hemos de respetar la vida y la belleza: comer menos, masticar más, cultivar nosotros mismos si es posible y sino comprar a quienes lo hacen con amor a la naturaleza, volver a la artesanía, la local o la de comercio justo, para promover la vuelta a las aldeas y apoyar las microeconomías, andar más, compartir el coche, cuidar el agua como una joya. Dar cabida en nuestras casas a los que llegarán, cada vez más pobres y más engañados (en Barcelona hacemos surf sobre el euro y la especulación de las viviendas de alquiler). Viajar en avión lo menos posible, volver a usar servilletas de algodón.

Hemos de cambiar nuestras costumbres, la necesidad obliga. El sacrificio de los apegos es una meta del yoga.

Hemos de compartir para sincronizarnos con el futuro. Está abierta una profunda reflexión sobre el arte y la conveniencia de compartir coche, lavadora, huerto, casa… sobre la nueva forma de relacionarnos. Si millones de hermanos de oriente medio, de África, de Europa del este, están pagando con sus vidas nuestra opulencia, ahora tendremos que aligerarnos. Como decía el jefe Seattle, el río no es mío, el aire no es mío, los siete pares de zapatos no son míos, mi casa no es mía, todo lo usufructo, no es mío, es de la familia humana. Si por tener lo que tengo, otros mueren de sed, ha llegado el momento de cambiar de hábitos y compartir.

La apertura del corazón para el amor incondicional y el desarrollo de la compasión es una meta del yoga.

Hemos de deshacer el camino equivocado con alegría, necesitamos yoga. Entona un mantra de tu gusto sat nam, om namo shivaya, om shanti y regresa a la simpleza. Que padres y madres tengan tiempo para sus hijos, que las noches sean para ver estrellas y contar cuentos. Lo bello habla de salud y futuro. Es bello un árbol, un relámpago, una gallina libre con sus polluelos detrás. Es feo el cielo ciego de las ciudades y las granjas de gallinas ponedoras. Volvamos gallardamente, volvamos renacidos, enriquecidos por nuestras experiencias. Tenemos que desapegarnos de las posesiones físicas y mentales, pero cómo hacerlo sin yoga.

Una vez deshecho el error, abriremos nuevas sendas, el futuro espera detrás de cada niño. Volvamos a intentarlo, ahora somos más sabios si aprendemos las lecciones de la historia. Necesitamos la mente neutral de un yogui para crear. Estudiemos yoga.

Un nuevo concepto de frontera, familia, perdón, justicia. Un nuevo concepto de Dios.

Los políticos del futuro se prepararán para su discurso meditando.

Los médicos usarán también el impacto de su aura sanadora para curar.

Los consejos de administración elevarán un rezo para tomar las decisiones más inspiradas en beneficio, no de sus empresas, sino de la humanidad.

La publicidad de consumo desaforado se declarará delito ecológico.

Aquellas empresas que sacrifiquen a sus empleados o la calidad de sus productos para mejorar la rentabilidad, serán juzgadas por crímenes de lesa humanidad.

Ahora, yoga

Aprovechemos la invitación de la vida. No hay mejor momento para un ser humano que cuando llega la profunda crisis, entonces, rendido, arrodillado puede entregarse al dulce y firme flujo del Amor. el que siempre ha sido y siempre será, el que siempre estuvo esperándo y que susurra en una asana, en un mantra o en una consciente respiración. Estudiemos yoga.

Artículo de la revista Ahora Yoga. Primavera 2009

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *