Sanación es oración. Es sincronizar mente y pensamientos con el amor puro. Del modo que sea. Con silencios o con palabras. Con desesperación o con agradecimiento. La oración se crea conectando el corazón con la mente. Es la llave para entrar en la casa de Dios.
Orar es pedir una ayuda que llega del otro lado del velo. No es la mente ordinaria pidiendo lo que cree necesitar sino el alma que, con su natural sabiduría, nos impulsa hacia la virtud medicinal de la paz. Todos necesitamos eso. Todos necesitamos sanación. Todos necesitamos oración.
La oración se llena de poder y escala hasta el cielo si el que pide lo hace como una niña, como un niño, como un ángel, como un mendigo.
En las sesiones grupales de sanación que compartimos una vez al mes pido ayuda para el grupo, cuyo único cometido es permitirla. Mi oración es con Jesús y con otros amigos de los otros mundos.
Silenciosamente convoco el toque de Dios en tu mente, energía y cuerpo para que florezcan. Tendremos pruebas de la efectividad de este rezo.

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